En el sector marítimo, los residuos Marpol son un concepto recurrente. Si trabajas con escalas, consignaciones, terminales o gestión de residuos, te interesará conocerlo en profundidad. En este artículo lo explicamos todo con detalle.
Qué son los residuos Marpol
Marpol es el nombre con el que se conoce al convenio internacional impulsado por la Organización Marítima Internacional (OMI) para prevenir y minimizar la contaminación del medio marino causada por los buques, tanto por operaciones rutinarias como por accidentes.
La OMI presenta Marpol como el principal convenio internacional en esta materia, y en la actualidad incluye seis anexos técnicos. El nombre viene de MARine POLlution (contaminación marina). Marpol es el marco que fija los límites sobre qué se puede descargar y qué no, cuando no se puede o cómo se gestiona.
Con ese marco en mente, el concepto de residuos marpol es un término operativo que agrupa los desechos que se generan a bordo o están vinculados a la carga, y que, por su naturaleza, están controlados por Marpol y por la normativa que obliga a entregarlos en instalaciones portuarias receptoras. El término residuos Marpol suele usarse para hablar de residuos oleosos, aguas sucias, basuras y otros flujos regulados que un buque debe mantener bajo control y entregar en puerto cuando corresponda.
En España, esta idea se concreta en el Real Decreto 128/2022, que regula las instalaciones portuarias receptoras. La norma utiliza este concepto para englobar desechos generados por buques, residuos de carga y desechos pescados de manera no intencionada. Además, define desechos generados por buques como los desechos producidos durante el servicio, distintos de los residuos de carga, contemplados en los anexos I, IV, V y VI del Convenio Marpol.
Esta distinción afecta a todo lo relacionado con la gestión de residuos: tipos de contenedor, documentación, qué instalación puede recibirlo, tratamiento a aplicar y riesgos en caso de mezclar flujos incompatibles.
Por eso, entender bien los residuos Marpol es mucho más que aprender sobre un concepto. Es poner orden en una operativa que, si se improvisa, suele salir cara.
¿Hay distintos tipos de residuo Marpol?
Los residuos Marpol se agrupan por flujos relacionados con los anexos técnicos del convenio y, en el caso de la operativa portuaria, por categorías de recepción.
Marpol cuenta con seis anexos de ámbito internacional:
- Anexo I: Contaminación por hidrocarburos.
- Anexo II: Sustancias nocivas líquidas a granel.
- Anexo III: Sustancias perjudiciales transportadas en bultos.
- Anexo IV: Aguas sucias.
- Anexo V: Basuras.
- Anexo VI: Contaminación atmosférica.
En España, además, el Real Decreto 128/2022 clasifica las instalaciones portuarias receptoras por las categorías anteriores, e incluye una categoría para desechos pescados de forma no intencionada. Este detalle es interesante porque ni todos los puertos ni todos los proveedores atienden todos los flujos, y es algo que se debe tener muy en cuenta.
En el Anexo I, el foco son los hidrocarburos y sus mezclas. Se trata de residuos como aguas oleosas de sentina, lodos de depuración de fuel, residuos de tanques o aceites usados. Son flujos delicados porque una descarga al mar, incluso pequeña, puede provocar una contaminación visible y persistente.
En el Anexo II, el escenario típico es el de buques tanque que transportan sustancias nocivas líquidas a granel. Los residuos asociados suelen venir de restos de carga, aguas de lavado de tanques o mezclas generadas en operaciones de limpieza. Este anexo fija criterios de descarga y medidas de control. Para determinadas sustancias, las descargas se condicionan a concentraciones y condiciones específicas, reforzando el papel de las instalaciones receptoras.
El Anexo III se centra en prevenir la contaminación por sustancias perjudiciales transportadas en bultos y establece requisitos de embalaje, marcado, documentación y manipulación. Un embalaje dañado, material absorbente utilizado en una contención o restos de una limpieza de derrame pueden convertirse en residuos que exigen gestión específica y trazabilidad, en especial si están vinculados a mercancías peligrosas o contaminantes marinos.
El Anexo IV regula las aguas sucias. En un buque, este flujo se traduce en aguas residuales sanitarias y, según el sistema de tratamiento a bordo, en lodos o subproductos asociados. Se fijan unas condiciones concretas para cualquier descarga al mar y exige un control mediante sistemas aprobados o distancias mínimas. En la práctica, esto hace que la entrega en puerto sea una solución habitual cuando la operación o la ruta lo requieren.
El Anexo V trata las basuras. Y aquí conviene desterrar una idea: en un buque, basura no es solo el residuo orgánico. Incluye residuos urbanos como plásticos, envases, papel, cartón, metales o vidrio, además de restos de comida y residuos generados por operaciones rutinarias. La OMI destaca como rasgo clave la prohibición total de verter plásticos al mar. Además, subraya que el cumplimiento depende en buena medida de que haya instalaciones receptoras adecuadas para entregar las basuras en puertos sin provocar retrasos.
El Anexo VI se centra en la contaminación del aire. A simple vista parece ajeno a los residuos, pero hoy está muy conectado. Este anexo limita emisiones de gases acidificantes como SOx y NOx, y prohíbe emisiones deliberadas de sustancias que afectan a la capa de ozono. Esto se relaciona con residuos como equipos o refrigerantes que contienen esas sustancias y sistemas de limpieza de gases de escape (por ejemplo, lodos o aguas de purga), que también se deben gestionar de forma correcta.
Marpol contempla zonas especiales, con un nivel de protección más alto y controles más estrictos sobre descargas operativas. En esas condiciones, la gestión de residuos Marpol pasa a ser parte de la planificación del viaje.
Normativa sobre residuos Marpol en España
El convenio internacional Marpol, adoptado en 1973, con protocolo de 1978 y un protocolo de 1997 que añadió el Anexo VI, entre otros hitos, es la base para la normativa española. Esta base define anexos, obligaciones de prevención, criterios de descarga y la lógica de que si no se puede descargar, se debe entregar en una instalación adecuada.
Sobre esa base, España cuenta con un marco específico para la recepción en puerto que regula las instalaciones portuarias receptoras de desechos de buques. En su preámbulo, el Real Decreto 128/2022 indica que transpone la Directiva (UE) 2019/883 y que sus disposiciones se aplican a todos los desechos de buques y puertos españoles, tanto estatales como autonómicos. También destaca que su aplicación alcanza a todos los buques que hagan escala, incluyendo pesqueros y embarcaciones deportivas o de recreo, y que regula comunicaciones electrónicas a través de SafeSeaNet.
Además, el real decreto aclara una cuestión que suele generar confusión: utiliza el término “buque” de forma general, englobando a los vehículos definidos en la Ley 14/2014, de Navegación Marítima. Esto busca evitar zonas grises y refuerza que la gestión de residuos Marpol no es solo un asunto de grandes mercantes: el marco afecta a más operadores de los que a veces se piensa.
En cuanto a la operativa, la norma española define categorías de instalaciones receptoras en función de los anexos y añade la recepción de desechos pescados de forma no intencionada. También establece obligaciones de registro para los gestores de estas instalaciones, incluyendo cantidad, naturaleza y destino de los desechos recibidos, y fija que la información debe estar disponible durante cinco años.
Un aspecto relevante para evitar vertidos es el económico. El RD regula sistemas de recuperación de costes y señala que no deben constituir un incentivo para que los buques descarguen desechos en el mar, incorporando una tarifa indirecta. Para los desechos del Anexo V distintos de residuos de carga, establece el principio de entrega sin tarifa directa basada en volumen, salvo supuestos concretos.
Por último, cuando los residuos salen del buque y entran en la cadena en tierra, se activa el marco general de residuos, la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular, cuyo objetivo incluye contribuir a proteger el medio marino. Esto importa porque, aunque el origen sea un buque, la gestión en tierra de los residuos Marpol requiere autorización, trazabilidad documental y tratamientos en instalaciones habilitadas.
Gestión de residuos Marpol
La gestión de residuos Marpol funciona cuando pasa a ser un método que se repite, reduce errores y que, si llega una inspección o un requerimiento del puerto, permite demostrar qué residuo se generó, cómo se almacenó y dónde se entregó.
El primer pilar es la segregación en origen. A bordo, separar es una necesidad operativa. Si se mezcla un residuo oleoso con un químico incompatible, o si se contaminan basuras reciclables con hidrocarburos, aumenta el riesgo y encarece el tratamiento. Además, se pierde control: cuando todo va a un mismo tanque o a un mismo contenedor, desaparece la capacidad de explicar qué es cada cosa y por qué tiene esa gestión. La gestión correcta empieza por mantener unos flujos reconocibles.
El segundo pilar es el almacenamiento seguro y realista. El buque debe poder retener sus residuos sin improvisar. Esto implica contar con capacidad suficiente, recipientes en buen estado y una gestión interna que evite fugas, olores y derrames. En tráficos regulares, esta idea es tan importante que los procedimientos de exención contemplan información sobre capacidades específicas de almacenamiento para cada tipo de desechos Marpol.
El tercer pilar es planificar la entrega con el puerto antes de que el buque atraque. Aquí es donde muchas escalas se complican sin necesidad. No basta con tener residuos, hay que saber de qué tipo son, en qué cantidad aproximada y qué instalación puede recibirlos. En España, las instalaciones receptoras se clasifican por categorías ligadas a los anexos, de modo que la coordinación previa evita solicitar un servicio que el puerto o el proveedor no pueden prestar.
El cuarto pilar es la coherencia entre lo que se comunica, lo que se entrega y lo que se registra. La trazabilidad es una defensa ante cualquier duda. Si un buque declara una cantidad y entrega otra sin explicación, o si aparecen discrepancias entre libros de registro y documentos de entrega, se abre la puerta a sospechas de descargas indebidas o mala gestión. Por eso, un enfoque sólido es tratar cada notificación y cada documento como una fotografía de una situación real: lo que tienes a bordo, lo que puedes almacenar y lo que vas a entregar.
El quinto pilar es la seguridad durante la operación de entrega. En residuos oleosos, por ejemplo, la transferencia exige controlar conexiones, caudales y posibles derrames. En aguas sucias, el riesgo sanitario y de olores obliga a ser especialmente cuidadoso con la estanqueidad. En basuras, la calidad de la segregación determina si lo entregado tiene salida a valorización o termina como rechazo.
Después de la entrega llega la parte que a veces se olvida: qué ocurre en tierra. La gestión adecuada de residuos Marpol no termina cuando el residuo sale del barco, sino cuando el residuo llega a las instalaciones de un gestor autorizado y recibe el tratamiento que corresponde. Aquí entran criterios de valorización, tratamiento, depuración o eliminación segura según la naturaleza del residuo y la normativa aplicable en tierra. El marco general actual está orientado a la economía circular y a reforzar una gestión trazable y responsable.
Hay un caso especial que merece atención porque mezcla medio ambiente y sanidad: los residuos de cocina procedentes del transporte internacional. El Real Decreto 128/2022 recuerda que se aplican requisitos más estrictos a la gestión de estos residuos conectándolos con el Reglamento (CE) 1069/2009 sobre subproductos animales no destinados a consumo humano. No se tratan como una basura más, sino que requieren circuitos y condiciones de gestión específicas.
Cuando todo este flujo se hace bien, la ventaja no es solo cumplir con determinadas directivas. Se reduce el riesgo de vertidos, se minimizan retrasos, se evitan costes inesperados y se protege el entorno marino, que es el motivo por el que Marpol existe y se actualiza con el tiempo.





