En una planta de tratamiento de residuos, cada fracción cuenta. Lo que a simple vista puede parecer un material sin valor puede convertirse, con el proceso adecuado, en una oportunidad de recuperación, valorización o estabilización. Aquí es donde el hundido de tromel adquiere un papel clave.
Cuando los residuos llegan mezclados, no todos tienen el mismo tamaño, composición ni potencial de aprovechamiento. Por eso, antes de aplicar otros tratamientos, es necesario separar el material de forma eficiente. Una de las tecnologías más utilizadas en la primera clasificación de RSU es la criba de tromel, un equipo que permite dividir los residuos en distintas fracciones según su tamaño y peso.
El hundido de tromel es una de esas fracciones. Puede contener materia orgánica, pequeños impropios, vidrio, arenas, finos minerales, restos de envases, metales de pequeño tamaño y otros materiales que pasan a través de las perforaciones del tambor. Su correcta gestión es importante porque influye en el rendimiento de una planta, en la calidad de las fracciones recuperadas y en la reducción del rechazo final.
¿Qué es el hundido de tromel?
El hundido de tromel es la fracción de residuos que atraviesa los orificios de una criba de tromel durante el proceso de clasificación. Se le llama hundido porque cae por debajo del tambor al tener un tamaño inferior al diámetro de las perforaciones de la criba.
El hundido de tromel no es un residuo homogéneo. Su composición depende del tipo de residuo tratado, del tamaño de malla utilizado, de la humedad, del sistema de recogida y de la eficiencia de los procesos previos. En plantas de RSU suele contener una parte importante de materia orgánica mezclada con materiales finos e impropios. En plantas de envases o de residuos industriales, su composición puede ser muy diferente.
Si no se gestiona bien, este material puede acabar como rechazo.Pero si se trata de forma correcta puede abrir la puerta a procesos de valorización y aprovechamiento.
Cómo funciona el cribado de tromel
El cribado de tromel se basa en un principio sencillo: separar los residuos por tamaño mediante un tambor cilíndrico perforado que gira sobre su eje. El material se introduce por un extremo y, gracias al movimiento rotatorio y a la inclinación del equipo, avanza despacio hacia la salida.
Durante ese recorrido, los residuos se voltean, se descompactan y entran en contacto con la superficie cribante. Los elementos más pequeños caen a través de las perforaciones, mientras que los más grandes permanecen dentro del tambor hasta el final del proceso. Esta separación permite ordenar el flujo de residuos antes de aplicar otros tratamientos.
La criba de tromel se utiliza porque es robusta, versátil y adecuada para trabajar con materiales heterogéneos. Se puede adaptar a diferentes granulometrías, caudales y tipos de residuos. La elección del tamaño de perforación es fundamental, ya que determina qué parte del material se considera hundido de tromel y qué parte continúa en la línea principal. Un tromel con perforaciones pequeñas generará un hundido más fino, mientras que uno con perforaciones mayores permitirá el paso de una fracción más amplia.
RSU de pequeño tamaño
En el tratamiento de residuos sólidos urbanos, los RSU de pequeño tamaño suelen concentrarse en el hundido de tromel. Esta fracción puede incluir restos orgánicos (FORSU), papel degradado, fragmentos de plástico, vidrio roto, tierras, arenas, pequeños metales y otros materiales que han perdido su forma original durante la recogida, el transporte o la descarga.
El problema principal de los RSU de pequeño tamaño es su mezcla. Aunque pueden contener materiales aprovechables, estos aparecen contaminados o adheridos entre sí, lo que dificulta su recuperación directa. Por eso, el tratamiento del hundido debe diseñarse con cuidado. No basta con separar por tamaño; también hay que considerar la humedad, la carga orgánica, la presencia de impropios y el destino final del material.
En muchos casos, esta fracción se dirige a tratamientos biológicos cuando contiene suficiente materia orgánica. También puede someterse a procesos de separación para extraer metales férricos y no férricos, retirar impropios o mejorar su estabilidad antes de enviarla a valorización o depósito controlado.
Tipos de hundido de tromel
No existe un único tipo de hundido de tromel. La clasificación depende del origen del residuo, del tamaño de corte y del objetivo del tratamiento. En una planta de RSU, el hundido suele estar asociado a una fracción fina con presencia de materia orgánica. En una planta de envases, puede contener pequeños plásticos, tapones, fragmentos metálicos, vidrio y restos no recuperados en las fases principales.
También puede hablarse de hundido orgánico cuando la fracción contiene una proporción relevante de restos biodegradables. Este material puede tener interés para procesos de compostaje o bioestabilización, siempre que cumpla las condiciones de calidad necesarias y se retire la mayor cantidad posible de impropios.
Otro caso es el hundido mineral o inerte, más frecuente en residuos de construcción, demolición o limpiezas industriales. En este tipo de fracción pueden aparecer arenas, áridos, polvo, cerámica, vidrio y pequeños restos de materiales pesados. Su tratamiento suele orientarse a la limpieza, clasificación y posible reutilización como material secundario si cumple los requisitos técnicos y ambientales.
También existe un hundido mixto, muy habitual en plantas que reciben varios residuos. Esta fracción requiere un análisis específico porque puede combinar materia orgánica, finos minerales, plásticos, metales y otros impropios. En estos casos, el objetivo principal es estabilizar, separar y reducir el volumen destinado a eliminación.
Tratamiento y valorización del hundido de tromel
El tratamiento del hundido de tromel empieza con una buena caracterización. Antes de decidir su destino, es necesario conocer su composición, humedad, granulometría, contenido orgánico y presencia de materiales recuperables. Solo así se puede definir una estrategia eficaz.
Una de las vías más habituales es el tratamiento biológico. Cuando el hundido contiene materia orgánica, puede dirigirse a procesos de compostaje, bioestabilización o digestión anaerobia, según las características del material y la tecnología disponible. El objetivo es reducir su actividad biológica, estabilizar la fracción y, cuando sea posible, obtener un producto aprovechable.
Otra vía importante es la recuperación de materiales. Aunque el hundido sea una fracción fina, puede contener metales. Mediante separadores magnéticos, corrientes de Foucault u otros sistemas, es posible extraer estos materiales y reincorporarlos al circuito de reciclaje.
También puede aplicarse separación densimétrica, cribado adicional o sistemas de limpieza para retirar impropios y mejorar la calidad de la fracción. Cada etapa debe estar justificada, porque el objetivo no es añadir procesos sin más, sino aumentar el valor del material y reducir el rechazo de forma eficiente.
La valorización del hundido de tromel depende siempre de su calidad. Un material demasiado contaminado tendrá menos salidas. En cambio, una fracción bien separada, estabilizada y controlada puede contribuir a mejorar los resultados ambientales y económicos de la planta.





